¿Sangrado, cobertura, separaciones? ¿Es esto un post sobre Juego de Tronos? ¡Spoiler alert! No, no os preocupéis que son términos comunes cuando hablamos de arte final. ¿Y qué es el arte final? Pues la definición de Rayitas azules sería tal que el conjunto de procesos y configuraciones que llevamos a cabo, de cara a reproducir nuestro diseño, a través de los distintos sistemas de impresión disponibles en el mercado. Y esto es poca broma amigas y amigos diseñadores, puesto que del arte final depende, en gran medida, que nuestro trabajo luzca como es debido.

Son muchos los procesos y herramientas que intervienen en la realización de un arte final correcto, y numerosas las herramientas que InDesign nos brinda para ayudarnos en esta tarea. Es más, de la tríada gráfica que este integra junto a Illustrator y Photoshop, InDesign es el más adecuado de cara a generar un arte final profesional. Si bien Photoshop intervendrá, como veremos, de cara a dejar las imágenes finas para reproducción.

Tratar todas las dimensiones de la preimpresión en un solo post, pues, sería excesivo, por lo que hoy inauguramos lo que constituirá una serie de varios artículos dedicados a esta cuestión. Así que, sin más dilación, vamos a ello, que en este post hay más mandanga que en un concierto de Triana, con El Fary de telonero.

Un buen punto de partida

Aunque el adjetivo «final» aluda directamente a la fase terminal de un proyecto, nada más alejado de la realidad cuando se trata del arte final de cara a impresión. De hecho, gran parte de la realización de un arte final se basa en trabajar de forma adecuada desde el principio, partiendo de una configuración correcta.

De hecho, podemos concluir que el mejor arte final consiste en ser consistente y sistemático en nuestro flujo de trabajo, así como configurar nuestro entorno de forma adecuada. Este trabajo empieza, como no, desde el propio InDesign. 

Nuestro proveedor de impresión, un aliado

Asimismo, contar con una imprenta profesional, que cuide de todos los fases del proceso de impresión, y que realice un control de calidad profesional, será garantía de que todo el mimo y dedicación que hayamos vertido en nuestras artes finales no caiga en saco roto. 

En este sentido, Print24 es precisamente una de nuestras imprentas de cabecera cuando se trata de procesos de impresión online ya que, además de la revisión convencional, cuenta con un servicio preflight Premium-FileCheck

Por muy concienzudos que hayamos sido en la elaboración del arte final, puede haber algún detalle que se nos haya escapado. Un chequeo preflight exhaustivo por parte de nuestro proveedor, permitirá detectar cualquier descuido.

Configuración de InDesign

Empecemos por los cimientos. Lo primero en nuestra lista consistirá en configurar ciertas preferencias de InDesign para visualizar nuestro documento de forma correcta. Así que, ¡al lío!

Apariencia de negro

Obviamente, nos interesará ver los tonos negros con exactitud, de cara a detectar incongruencias entre negros cercanos. Asimismo, es capital visualizar el contraste de las imágenes de forma precisa, y así dilucidar si una imagen, o gráfica concreta, necesita algún tipo de ajuste.

Para asegurarnos de que InDesign está configurado de forma óptima, nos iremos a las preferencias del programa (lo mejor, emplear el atajo CMD+K), y al apartado «Apariencia de negro». En las opciones disponibles escogeremos «Mostrar todos los negros con exactitud», en lugar de «Mostrar todos los negros como negro enriquecido», que es la opción que, inexplicablemente, viene por defecto. Lógicamente, procederemos así tanto para la pantalla como para imprimir/exportar.

En este sentido conviene apuntar que si no tenemos un monitor profesional, capaz de mostrarnos un rango de colores amplio y exacto, diferencias leves entre tonos de negro prácticamente iguales, pasarán inadvertidas.

Con la configuración por defecto, InDesign nos muestra todos los negros como si fueran enriquecidos (más intensos), y nos engaña. ¡Mal!

Los mismos tonos de negro que en la foto superior, pero con la configuración óptima, se aprecia que el tono de la izquierda es algo más claro que el de la derecha.

En las siguientes imágenes podemos apreciar la diferencia entre una configuración y la otra.

Valor de acoplador de documento

Este parámetro sólo afecta si a la hora de exportar nuestro arte final a pdf (algo que ya analizaremos en artículos posteriores), empleamos un valor inferior al formato Adobe PDF 1.4, algo muuuuuy poco probable. Adobe PDF 1.3 no admite transparencias (objetos vectoriales con modos de fusión, etc.) y, por lo tanto, InDesign las tiene que rasterizar (convertir en una imagen). 

El acoplador de transparencia, siempre configurado en alta resolución.

Iremos al menú Edición > Valores del acoplador de transparencia y, obviamente, escogeremos «alta resolución».

Espacio de fusión de transparencia

Nos aseguraremos de que sea el adecuado al proyecto que estemos realizando, dependiendo de si es un documento destinado a imprenta offset (CMYK), o si en cambio se trata de un documento que se va a reproducir en impresión digital (solo si nuestro proveedor nos aconseja emplear el espacio RGB). Por supuesto, RGB será el espacio adecuado para cualquier proyecto para pantalla.

Elegimos CMYK para impresión offset e impresión digital, pero ¡ojo! muchos proveedores de impresión digital prefieren RGB.

Configuración de color para impresión

En impresión tradicional, el flujo de trabajo para imprenta se desarrollaba íntegramente en CMYK. De esta forma, previsualizábamos nuestro documento en CMYK porque todas las imágenes que importábamos, habían sido previamente transformadas a dicho espacio de color.

No obstante, en la actualidad, el destino (salida) de un proyecto (por ejemplo, una publicación) se ha tornado más impredecible, y resulta habitual que, además de la impresión en sí, se visualice también en pantalla (por ejemplo, si se cuelga en una web para su descarga y visualización en pantalla, o se sube a una plataforma como issuu.

Es por esto por lo que nos conviene ganar en versatilidad y trabajar con imágenes en RGB (que conservarán toda su riqueza de color de cara a pantalla), pero, al mismo tiempo, previsualizarlas en un espacio RGB que nos muestre con mayor exactitud los colores en CMYK, que el clásico sRGB. 

Con este fin, contamos con el espacio Adobe RGB (1998), creado por Adobe en 1998, y que es capaz de mostrarnos alrededor de un 35 % más del espectro de colores.

De esta forma, si un mismo producto (una publicación, por ejemplo) lo vamos a imprimir a través de offset, pero al mismo tiempo también se exportará para pantalla, nos interesará que los retoques realizados a las imágenes en fases anteriores (que se puedan perder al convertir a cuatricromía), se conserven al visualizarse en pantallas. Así, la conversión de RGB a CMYK para impresión, se llevará a cabo durante la exportación a pdf, pero no antes.

Nos iremos al menú edición > configuración de color. En la lista desplegable «configuración» escogeremos «Preimpresión en Europa 3». Veremos que la visualización de RGB se configura automáticamente a Adobe RGB (1998). En las siguientes imágenes podemos observar la manifiesta diferencia entre cómo vemos un mismo color en los diferentes espacios.

Al elegir «Preimpresión en Europa 3», previsualizaremos los colores RGB más cercanos a cómo quedarían impresos en CMYK

La configuración «Web e internet en Europa», hará que previsualicemos el RGB de forma adecuada para diseños destinados a pantalla.

Al igual que ocurre con la apariencia de negro, un monitor profesional es fundamental, ya que la mayoría de las pantallas de gama media no pueden mostrar el espectro de Adobe RGB (1998) completo. Toca gastarse la panoja, pero es la mejor inversión que un diseñador o diseñadora puede realizar. Al fin y al cabo, el monitor son nuestros ojetes diseñiles.

Configuración de documento nuevo

En el cuadro de diálogo de Archivo > Nuevo documento elegimos «Imprimir». De esta forma, el documento quedará configurado con los colores en CMYK, y la unidad de medida por defecto del documento en milímetros, que es el estándar para definir tamaños en impresión. Además, siempre que indiquemos medidas, el estándar es ancho por alto. De esta forma, si indicamos 210 mm por 297 mm, entenderemos automáticamente que se trata de 210 mm de ancho por 297 mm de alto.

Sangrado

El sangrado consiste en ampliar unos milímetros (en general 3 mm) todos aquellos elementos de nuestro diseño que lleguen hasta el borde del formato de página, comúnmente imágenes o fondos a página completa, etc. Se dice que dichos gráficos están «a sangre». 

Al ampliar las gráficas en ese espacio de seguridad, nos aseguramos de que al guillotinar los pliegos de impresión en la fase de manipulado, no queden filos blancos del papel, ya que siempre existe un margen de error.

En las casillas de sangrado pondremos las medidas que nuestro proveedor nos haya indicado. Si las desconocemos, introduciremos el estándar de 3 mm para formatos en torno al A4, y 5 mm para superiores (alrededor del formato A3).

De esta forma, se creará un borde alrededor de la página con los milímetros que hayamos indicado, que no sólo facilitará la ubicación de gráficas durante la fase del diseño, sino que nos vendrá de perlas en fases posteriores de exportación a formato pdf.

Y hasta aquí el primer post de los varios que dedicaremos a el arte final. Más adelante os hablaremos de aspectos como (en plan teaser) las muestras de color, la apariencia de negro, ajustar el punto negro y blanco de las imágenes, y analizaremos las múltiples herramientas que InDesign integra para que nuestro pdf nos quede más bonico que un San Luis.