Inspiración tipográfica más allá de la pantalla

Exposición conformada por 200 bolsas de papel pertenecientes a Paper Bag Archives comisariada por el estudio de diseño Dorothy.

Conforme se gana experiencia en el oficio de diseñar, una aprende que la inspiración está en todas partes, pero sobre todo en el pasado. No se trata de nostalgia, o de rechazar sin más el presente, sino de conocimiento, de amplitud de miras. Decía un viejo flamenco que no se puede ir a ninguna parte si no se sabe de dónde se viene. No hay filtro más poderoso que el paso del tiempo, que arrastra lo superfluo, lo banal, lo accesorio, y aflora lo realmente valioso: no es que antes (un «antes» que abarca una vasta cantidad de tiempo) no hubiera mal diseño, o malas películas o mala pintura, es que esas obras torpes e insustanciales han sido archivadas en el olvido y nadie recuerda dónde están.

El tiempo crea una pátina que podemos asimilar con el prestigio, pero lo que está claro es que si nos fascina, por ejemplo, un viejo letrero comercial, es sobre todo porque está bien hecho.

Libro Letras Recuperadas. Autor Juan Navas. Editorial Palau Gea

Vivimos una época extraña (y quizá «extraño» es lo mejor que se puede decir de ella), en la que el valor de las personas y sus obras se mide por su capacidad de acaparar atención, con independencia de su valor intrínseco. No se puede negar que la visibilidad es un factor muy importante para el progreso profesional de diseñadores y estudios. Pero un paseo atento por las redes nos revela que cada vez más personas, profesionales del diseño y público en general, vuelven los ojos hacia los modos de hacer de antaño, cuando los algoritmos permanecían confinados en las aulas de matemáticas y hacer las cosas con rapidez era un defecto que había que corregir.

Así, vamos a dedicar este artículo a buscar inspiración en formas tipográficas pretéritas que se podían palpar, antes de la omnipresencia de las pantallas; aquellas letras que existían  antes de que la tecnología digital alcanzara su absoluta hegemonía actual y el diseño se concebía en relación al cuerpo (un libro, un cartel, o rarezas que veremos a lo largo del artículo como una bolsa de papel o un librito de cerillas), y que en algunos casos perduran gracias al empeño de quienes trabajan por que ese patrimonio cultural de incalculable valor no desaparezca. De hecho, la gran paradoja es que la tecnología digital, que ha acelerado la desaparición de unos modos concretos de concebir la tipografía y el diseño, a su vez está favoreciendo la preservación del patrimonio tipográfico a través de numerosas páginas web y perfiles en redes sociales dedicados a salvaguardar variopintos ejemplos de rotulación artesanal y toda clase de objetos de diseño que hasta no hace mucho tiempo eran de uso cotidiano y ahora son, algunos de ellos, venerables piezas de museo.

Matchbook Book (Copyright © CentreCentre and Billy Woods, 2026)

Al fin y al cabo, la naturaleza humana no se inclina hacia la especialización, como de manera magistral nos recuerda Máximo Gavete en la última entrega de su boletín Honos: «Si el mundo empieza a llenarse de especialistas artificiales, el valor de lo humano reside cada vez menos en la capacidad aislada y cada vez más en la competencia que sabe ordenar esas capacidades en un conjunto con propósito, sentido e intención». Y de eso se trata, de conocer otras maneras de hacer, de pensar, de trabajar y, a través de estos conocimientos, comprender que no existen las experiencias humanas aisladas, que todo está conectado a través de una tupida red a la que llamamos «cultura».

Rotulismo, artesanía de vanguardia

Por más que la tecnología empuje hacia experiencias virtuales de todo tipo, seguimos viviendo en un mundo físico, tangible. Un mundo en el que todavía se necesitan letreros, carteles y toda clase de reclamos para poder orientarnos en la jungla urbana. Por algo el marketing llama «corpóreos» a los elementos volumétricos que nos señalan una ubicación. Así, como respuesta a la dominación virtual, la rotulación tradicional a mano vive en la actualidad una época de esplendor, y aquí en Rayitas Azules nos hicimos eco al dedicarle un artículo a algunos y algunas de sus protagonistas.

Jon Zabaltegui, rotulista, es muralista y diseñador gráfico especializado en caligrafía y lettering.

↓ Elisa Pérez, conocida como Madame Letters, rotulista a pincel.

Acaba de ver la luz en Francia un imponente volumen titulado Lettres Décoratives: A Century of French Sign Painters’ Alphabets, un recorrido a través de decenas de imágenes por el patrimonio del rotulismo francés de los siglos XIX y XX, que cuenta con el prólogo de la rotulista francesa Morgane Côme y diseño de Violaine & Jérémy. Un deliciosa pieza editorial y una ineludible fuente de inspiración para diseñadores actuales que anden buscando buenos motivos para alejar sus narices de la pantalla.

Patrimonio tipográfico urbano

En defensa de esa corporeidad han surgido en los últimos tiempos multitud de iniciativas que tratan de preservar aquellos rótulos originales que todavía no han sido pasto de la voracidad gentrificadora, además de crear espacios virtuales que funcionan como reservorios fotográficos de estas especies gráficas en peligro de extinción.

En el año 2020 se constituyó la Red Ibérica en Defensa del Patrimonio Gráfico, una asociación formada por profesionales de ámbitos como el diseño gráfico, la arquitectura, el urbanismo o la historia y cuyo objetivo es salvaguardar y proteger toda la gráfica comercial de nuestras calles como Patrimonio Gráfico. La Red es la materialización de un anhelo compartido cada vez por más personas que ven cómo sus ciudades caen en la estandarización a medida que desaparecen los comercios autóctonos, los de toda la vida.
Fruto de esta inquietud han ido surgiendo publicaciones como Valladolid con carácter, Fuera de carta, publicación de Sevillatipo que recoge muestras de la rotulación manual de los bares de Sevilla. Y, por supuesto, el clásico de Juan Nava, Letras recuperadas.

Pero este necesario afán de protección no se limita sólo a España, lógicamente, sino que es un movimiento global que trasciende las meras fronteras, como demuestra, por ejemplo, Jules Vernacular (juego de palabras con el nombre del celebérrimo escritor futurista francés), proyecto del diseñador francés Jack Usine en el que a modo de diario de viaje, recopila toda clase de letras artesanales, desde refinados reclamos comerciales hasta burdas pintadas cargadas de expresividad.

Otro excelente ejemplo lo encontramos en el libro India Streets Lettering, obra en la que la diseñadora tipográfica Pooja Saxena declara su amor por los abigarrados y multicolores paisajes tipográficos de su país natal, conformados por un infinito bosque de letreros artesanales amenazados por la uniformidad provocada por el auge de la impresión digital.

Objetos cotidianos como soporte tipográfico

Acabamos este periplo analógico con un par de rarezas.

La primera de ellas es una celebración del diseño efímero a través de la muestra, comisariada por el estudio de diseño Dorothy, conformada por 200 bolsas de papel pertenecientes a Paper Bag Archives, la colección del diseñador Tim Sumner, cuyos fondos ascienden a unos 2500 ejemplares de bolsas de papel, omnipresentes en el Reino Unido y poco a poco en desuso ante los menores costes y mayor durabilidad del plástico.

Exposición conformada por 200 bolsas de papel pertenecientes a Paper Bag Archives comisariada por el estudio de diseño Dorothy.

Más extraños para los ojos actuales que una bolsa de papel son los libritos de cerillas, que antaño circulaban como moneda corriente, pues solían distribuirse gratuitamente como efectivos soportes publicitarios. Hoy en día, afortunadamente, cada vez fuma menos gente, pero hubo un tiempo en que no fumar era algo extraño y, antes de la proliferación de los encendedores baratos, las cerillas estaban en todas partes, pues apenas había restricciones para fumar en cualquier lugar, incluyendo gasolineras y hospitales. De nuevo en Reino Unido, un libro titulado Matchbook Book recoge este curioso patrimonio gráfico a través de una colección particular que demuestra que hasta el más modesto y bizarro de los objetos puede poseer gran valor patrimonial y cultural.

Y ahora, apaga la pantalla y sal por ahí a mirar el mundo.

Matchbook Book (Copyright © CentreCentre and Billy Woods, 2026)