
En este blog amamos los libros en todos sus formas —hasta los de autoayuda si nos apretáis y están bien diseñados. Los hay que se definen desde la sinopsis de la contra, otros cuya trama se va desvelando poco a poco y fotolibros en los que las imágenes soportan el peso de la historia. La lista sería infinita, pero hoy venimos a hablar de los que nos enamoran precisamente por la forma en la que deciden no contarlo todo.
Ferd. Fischmaller, el nuevo fotolibro publicado por Festiu, se posiciona claramente en esta última familia: la de los artefactos editoriales que en lugar de narrar, sugieren. Facilitan el germen impreso para que seamos nosotros quienes hagamos brotar la historia, regándola con dudas, abonándola con incertidumbre pero dejándonos cautivar por su belleza.
Hallazgos y fotolibros

El proyecto parte de un archivo de negativos hallado en la Marina Alta y recuperado por Sergio Luna. Un buen puñado de imágenes olvidado en un cajón de su estudio. Luna cuenta que no recuerda exactamente cuándo llegaron a sus manos, probablemente alrededor de 2015, y que durante mucho tiempo se iba encontrando, miraba de soslayo y volvía a guardar. Hasta que hace algo más de un año decidió cerrar ese asunto pendiente, sacarlo del cajón y darle forma de fotolibro.
Pero no de un fotolibro al uso. Y esa decisión es la que hace de Ferd. Fischmaller una pieza editorial única. En lugar de limitarse a exponer un archivo encontrado y dotarlo de contexto real, teje un volumen donde las imágenes, la duda y la ficción trabajan juntas en pro de que sea el lector quien llegue a sus propias conclusiones.
Making off de un fotolibro

Antes de decidir qué forma tendría la publicación, el archivo tuvo que digitalizarse por completo. Hasta ese momento ni siquiera se habían visto todas las fotografías que lo componían. A partir de ahí, Sergio valoró diferentes formas de ordenarlo: mostrar todas las imágenes en pequeño formato en damero, como si fueran hojas de contacto; ordenarlas por colores; organizar según las poses de los retratos…
La solución final fue otra: una pequeña selección construida a partir de secuencias de imágenes que van levantando una narración exclusivamente visual que quiere dar sentido a toda la colección.
Ferd. Fischmaller no constituye un catálogo total del archivo, sino una de sus múltiples lecturas posibles. Una mirada parcial de un paisaje mucho más amplio. Sugerir que lo más importante no es solo lo que vemos, sino todo lo que intuimos que se ha quedado fuera.
Paradójicamente, el resultado parece homogéneo, pero esa homogeneidad también resulta de alguna forma extraña. Está claro que faltan imágenes, pero esa ausencia no se intenta tapar del todo. Dejarla a su amor funciona y convierte al conjunto en una historia que cada lector pueda hacer suya.
No explicar, porque sí

Del origen de los negativos se sabe poco. Muy poco. El propio proyecto parte de esa escasez de información y la hace suya, convirtiéndola en su punto fuerte. Algunos retazos permiten delimitar la historia en un área geográfica y tiempo concreto, pero poco más. El relato real en torno al archivo tiene más agujeros que respuestas. Y es ahí donde aparece la ficción.
De esta forma, un relato ficticio es el que da sentido al archivo y ayuda a sostener la figura de Fischmaller. No para aportar una explicación definitiva, sino como una forma de penetrar en unas instantáneas cuyo contexto es difuso.
El lector se ubica en una frontera tan inusual como incómoda: entre lo que parece y lo que podría ser.
Ferd. Fischmaller quiere los lectores dudemos de la veracidad de la historia. Y esa duda no es baladí, sino que conforma la esencia propia del fotolibro, actuando como el mecanismo oculto de un reloj: funciona aunque no lo veas.
¿Pero quién diantres fue Fischmaller?

Una de las preguntas que sobrevuela el fotolibro es la figura que le da título. ¿Quién es Ferdinand Fischmaller? ¿Una persona real, un mito o una mera construcción narrativa?
Al principio, su figura funciona como una invención recreada para dar sentido al archivo. Pero paulatinamente va ocupando otro lugar, hasta situarse como el autor del archivo. Y, aun así, el libro sigue jugando al despiste…
Una simple búsqueda rápida o nuestra IA favorita nos permite comprobar que el tal Fischmaller no existe como una figura verificable. Ni falta que le hace. El autor no parece interesado en resolver el enigma de forma tan simple. Más bien invita a quedarse dentro de la duda: por qué aparecen dos nombres tan cercanos y distintos, quién es el hombre que posa fumando, cuál puede ser el origen real del archivo o qué papel juega la desaparición de ciertos personajes dentro del relato.
El aura de misterio no se limita a actuar como envoltorio, actúa como un andamiaje que sostiene el argumento.
Un auténtico caramelo editorial

Más allá del propio archivo fotográfico y del juego entre realidad y ficción, Ferd. Fischmaller funciona también como objeto. No solo narra —o no narra— desde las imágenes y el texto, sino también desde su exquisita edición (marca de la casa) y las decisiones en torno al diseño editorial, impresión y acabados. Grado de «regabilidad»: diez de diez.
Ferd. Fischmaller llega a tus manos perfectamente empaquetado, con una atención al detalle que ya predispone a descubrir. Desde el fotograma físico incluido hasta la elección del papel, pasando por el encarte y la forma en que todo se articula físicamente… Festiu en estado puro.
Sergio Luna: desde el archivo y la colaboración

Sergio Luna, nacido en Archena en 1979, ha desarrollado una trayectoria vinculada a la práctica artística, las exposiciones individuales y colectivas, y los proyectos colaborativos. Entre sus exposiciones individuales destacan Álbum, Risas histéricas en el paraíso, Bipolar o la muestra itinerante Dead Ringers. También ha participado en colectivas como Rehabitar el espacio: presente, pasado y futuro o Diálogos.
Desde 2007 forma parte del colectivo artístico LaTejedoraCCEC, con proyectos como El rodete més gran del món o El Arte Reparte. También ha trabajado en colaboración con otros artistas, como Yasmina Morán o José Vicente Martín, con quien ha desarrollado proyectos recientes como Más terrible que la bomba de Hiroshima y Mundo nuevo.
Festiu, editar porque sí

En Rayitas somos muy fans de Festiu, y no es para menos. Su artífice, el diseñador Diego Obiol ya pasó por la quinta edición de Málaga Type, donde definió su proyecto editorial como una iniciativa donde editar se entiende como tantas otras cosas que hacemos porque queremos, porque sí, porque nos apetece y nos nace, sin que exista necesariamente un fin económico o comercial detrás.
Festiu se define como una microeditorial independiente, «totalmente inútil, pero inmensamente gratificante». Una forma de entender la edición que encaja perfectamente con un proyecto como Ferd. Fischmaller. Un fotolibro que se permite trabajar desde un territorio incómodo: un archivo incompleto, una ficción que no pretende aclararlo todo y una publicación que cuida tanto lo que muestra como lo que no.
Conclusión

Ferd. Fischmaller no parece buscar una respuesta definitiva. Al contrario: se mueve en el espacio que queda entre una fotografía encontrada, una historia posible y una serie de ausencias que no terminan de cerrarse.
Quizá por eso funciona tan bien como fotolibro. Porque de alguna manera redefine un poco el género y ordena para desordenar. No convierte el archivo en una prueba, ni la ficción en una explicación cerrada.
Y ahí radica su encanto: nos obliga a aceptar que algunas imágenes no necesitan resolver ningún misterio, y por una vez, son ellas las que nos observan a nosotros desde la comodidad de sus páginas.
Ficha técnica

- Título: Ferd. Fischmaller
- Editorial: Festiu
- Autor y fotografía: Sergio Luna
- Diseño editorial: Estiu e Irene Aurell
- Género: Fotolibro
- Idioma: Castellano
- Encuadernación: tapa blanda
- Medidas: 100 x 140 mm
- Web
Fotos de la publicación: Estándar


