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De cara a enfrentarnos a la composición de una página, los diseñadores editoriales nos valemos de diversos recursos, que pertenecen a la tradición editorial, y cuyo usos generales y aplicación vía software, conviene tener «clarinéticos». Al igual que hiciéramos con los pies de foto, hoy os traemos todo lo que necesitáis saber sobre las letras capitulares.

¿Qué es una capitular?

Las letras capitulares pertenecen a ese tipo de elementos de página que viven con un pie en la actualidad y otro en el pasado. Como suele ser habitual en la tradición editorial, empezaron cumpliendo una función concreta: la de marcar los comienzos de los párrafos.

Por ejemplo, en la Edad Media, las capitulares ayudaban a que el religioso pudiera localizar fragmentos concretos en condiciones lumínicas adversas. No obstante, no tardó en trascender su carácter pragmático, para convertirse en un elemento que cumplía (a través del laborioso trabajo de los miniaturistas) una función decorativa en la página.

En esencia, una capitular indica el comienzo de un fragmento de texto particular (normalmente el inicio de un capítulo en libros o artículos en publicaciones). Como ya hemos dicho, hoy en día están en desuso (la Bauhaus marcó su declive), pero son numerosos los proyectos de carácter editorial donde las solemos encontrar. Podríamos decir que su uso hoy en día responde más a parámetros estéticos que funcionales, puesto que el contexto u otros recursos de páginas (entradillas, titulares, etc.) marcan de forma implícita o explícita el comienzo de un artículo particular.

Además de poder elegir diversas configuraciones, como una tipografía concreta, porcentaje del cuerpo de letra, etc., los parámetros que no pueden faltar son dos: el número de líneas que ocupará la capitular, y el número de caracteres de las que constará. De esto os hablaremos más extensamente un poco más abajo.

Uso estándar de la capitular en la revista de fútbol y nostalgia ‘Panenka’.

¿Capitulares o letras iniciales?

Antes de proseguir, conviene conocer que, aunque en el ámbito anglosajón se suele distinguir entre las capitulares (drop caps) y  «letras iniciales» (initial letters), en castellano esta división es prácticamente inexistente y las letras iniciales vendrían a ser un tipo de capitulares. La diferencia radica en que las capitulares se integran en el bloque de texto y se rodean de líneas del mismo, mientras que las letras iniciales se asientan sobre la línea base y sobresalen respecto a la primera línea, creando un efecto, desde nuestro punto de vista, más antiestético.

Las letras iniciales dan un resultado bastante antiestético.

Capitular estándar: 3 líneas y un solo carácter, mucho más estética que las letras iniciales.

Asimismo, el uso del término «letra capital» en lugar de «letra capitular», está ampliamente considerado como un error.

InDesign: uso de capitulares

Y, como siempre, antes de avanzar en usos y consejos, vamos a repasar brevemente cómo gestionarlas a través de nuestro amadísimo InDesign.

En este apartado configuramos el número de líneas de nuestra capitular (comúnmente 3).

Las herramientas que proporciona InDesign están orientadas a generar capitulares de forma automática. Podemos acceder a través de la paleta párrafo o el panel de control. Aquí podremos configurar los dos aspectos básicos de una capitular: el número de líneas y el de caracteres. En las imágenes de abajo podemos apreciar ambos aspectos:

Aunque un número de caracteres superior a uno no suele dar buenos resultados, en este casilla podremos configurarlo.

No obstante, si queremos tener un mayor control sobre la configuración y acceder a atributos que aporten valor y nos permitan «afinar» el resultado, debemos acceder al cuadro de diálogo «Capitulares y estilos anidados».

La configuración avanzada de capitulares nos permitirá controlar el resultado de forma más eficaz.

Los aspectos más destacados son los siguientes:

  • Estilo de carácter. Nos permite asignar un estilo de carácter concreto a la capitular. Las posibilidades son infinitas: color, tamaño, tipografía, subrayado, etc. En definitiva, cualquier atributo de texto que pueda configurar a través de InDesign y de forma automática. ¡Olé!
  • Alinear borde izquierdo. Obliga a la capitular a alinearse con el resto del marco de texto, consiguiendo un efecto mucho más estético. Imprescindible.
  • Escalar para descendentes. Muy útil para que las astas descendentes de las capitulares no invadan el texto del párrafo donde está insertadas.

El marco azul «rayitas» delimita la sección donde podemos configurar distintos atributos relativos a las capitulares.

Número de líneas

Os aconsejamos emplear siempre capitulares que ocupen mínimo tres líneas. Si usamos menos líneas, tienden a quedar un tanto ridículas y, además, pierden su funcionalidad. Se trata de estos casos donde quedarse corto equivale a hacer un mal uso, como podemos observar en la siguiente imagen:

El bloque de texto de la izquierda está configurado en 2 líneas, mientras que el de la derecha tiene 3 líneas. Este último es más armonioso y estético que el primero.

Número de caracteres

Aunque en diseño no suelen existir normas o verdades absolutas, en el caso de las capitulares rara vez conviene añadir más de un carácter. No obstante, el sentido común y nuestra creatividad serán determinantes en la toma de decisiones.

El kerning, un gran aliado

A la hora de funcionar como capitular, no todos los caracteres son iguales. De hecho, una «O» no tiene nada que ver con una «A» o con una «I». Especialmente hay que cuidar que las astas de los caracteres queden bien alineadas con el párrafo.

Para ello, un buen truco es añadir dos caracteres a la configuración de la capitular en InDesign, pero que uno de ellos (el que esté más a la izquierda) sea simplemente un espacio en blanco (vamos, pulsar la barra espaciadora). Así, valiéndonos de kerning negativo, podemos dejar el carácter capitular perfectamente alineado con el bloque de texto que lo contiene.

Tanto si lo ajustamos numéricamente, como si lo hacemos con el atajo de teclado ALT+cursores, debemos controlar el espacio y la distancia de la capitular con respecto al bloque de texto.

De la misma forma, el kerning nos ayuda a añadir espacio por delante de la capitular en aquellos casos en los que quede excesivamente «pegada» a los caracteres del párrafo. En este sentido, cabe recordar que a través del atajo ALT + cursor derecha o izquierda podemos ajustar el kerning visualmente y on the fly.

Mimar la apariencia y el «aire» de nuestros párrafos, nos convierte en mejores profesionales y diseñador@s.

En este ejemplo vemos como la «r» de la primera línea, parece más cercana a la capitular que la «C» de la segunda. Un buen diseñador editorial debería arreglarlo.

Uso creativo del espacio en blanco entre la capitular y el bloque de texto.

Anchura de la columna

No deberíamos emplear capitulares en anchos de columna estrechos. De hecho, cuando mejor funcionan estéticamente es en contextos de comienzos de capítulos donde la página suele tener una sola columna, o en columnas bastante anchas (por ejemplo en retículas de dos columnas). Si tu texto se distribuye en tres o más columnas, barema bien el look and feel de tu página con y sin capitulares.

Aquí abajo podemos verlo claramente:

De izquierda a derecha vemos como, progresivamente, la anchura de columna menor afecta a la apariencia general.

Cuidado con las capitulares «colgantes»

Como hemos dicho anteriormente, las capitulares deben integrarse en el bloque de texto para conseguir una impronta coherente y armoniosa. No obstante, si las aplicamos en bloques de texto de menos de 6 ó 7 líneas, pueden quedar muy antiestéticas. Nosotros aconsejamos un «minimísimo» de 5 líneas, y de ahí para arriba. Como podéis ver en este ejemplo, si el número de líneas del párrafo coincide con la configuración de las capitulares, el resultado es «regulero».

La columna de la izquierda es una capitular colgante… ¡Cuidadín!

Busca el contraste

Al igual que ocurre cuando queremos buscar contraste tipográfico, emplear la misma tipografía del cuerpo general del texto para la capitular da como resultado una buena integración en lo que a homogeneidad se refiere, pero resultados poco interesantes desde un punto de vista estético.

Si estamos empleando una tipografía con serif para nuestro artículo, siempre funcionará buscar una tipografía sans serif que case bien estéticamente. De esta forma, aportaremos interés al bloque de texto.

En estos ejemplos de la publicación Noble Rot, de la que te hablamos aquí, podemos apreciar el contraste entre texto en serif y capitular en sans serif:

Evita la alineación derecha del párrafo

Si hemos elegido una alineación derecha, deberíamos evitar el uso de capitulares, puesto que en lugar de quedar integradas, contribuirán a generar saltos visuales de caracteres y, el resultado, olerá a chapuza por todos lados, como podéis observar en la imagen.

En azul «rayitas» indicamos los saltos entre caracteres al alinear el texto a la derecha. Nuestro «ojete diseñil» sangra a base de bien.

Una sola capitular por pliego

Uno de los errores más frecuentes en el uso de capitulares es emplearlas en más de un párrafo por página. Si tenemos una doble página, pongamos, con varios artículos breves, sólo debería llevar capitular aquel que jerárquicamente tenga más importancia, ocupe más espacio o tenga una gráfica o ilustración mayor, por ejemplo.

Al colocar muchas capitulares en un mismo pliego, generamos múltiples focos de atención. Esto va en contra de los principios básicos de jerarquía y genera mucho ruido visual.

Si todos los artículos del pliego tienen el mismo «peso» conceptual o compositivo, ninguno debería llevar capitular.

Look and feel clásico y «viejuno»

Como ya hemos dicho más arriba, las capitulares clásicas están en desuso, y, por lo tanto, siempre que las veamos nos transportarán a otros tiempos «editoriales». Conscientes de esto, podemos emplearlas siempre que nos interese aportar una impronta más tradicional.

‘Racquet’ usa una tipografía e improntas clásicas para potenciar la idea de nostalgia. El uso ortodoxo de las capitulares, refuerza dicha sensación.

‘Cereal’ es una de nuestras favoritas y rezuma un aire clásico y limpio en su maquetación. En este comienzo de artículo, la capitular refuerza esta sensación.

Sorprende y sé creativ@

Como siempre, lo que suele funcionar es darle vueltas al «melón» y ver de qué manera podemos sorprender al lector, y dotar de diseño y creatividad a todos nuestros elementos de página. Particularmente, a nosotros nos resulta muy enriquecedor emplear recursos que cumplan la función de capitular, es decir, marquen el comienzo de capítulo, artículo, etc., pero que no sean capitulares como tales.

Por ejemplo, podemos subrayar o marcar las primeras palabras de un párrafo, lo cual nos puede servir no sólo para destacar su comienzo, sino también para suscitar interés en su contenido (de forma parecida a como lo realizan los destacados).

A continuación os dejamos varias imágenes donde podemos observar un uso más creativo de las capitulares. Lógicamente, la mayoría de estos ejemplos no los podríamos generar a través de las herramientas automáticas de InDesign, sino que tendríamos que valernos de trabajo manual, emplear ceñido de texto, otro software como Illustrator, etc.

‘Mine’ utiliza en este artículo capitulares creativas, realizadas a instancias del programa e importadas como si de una imagen se tratase. Contribuyen enormemente al look & feel del artículo.

‘Vis-à-Vis’ cambia el peso de la tipo al principio del artículo. Aunque no está la capitular de forma explícita, sí está su función de forma implícita.

En estas fotos de ‘Rugby’ podemos apreciar cómo sobre la capitular recae el peso estético del artículo.

En esta página de ‘Man on the Moon’, se resalta en negrita el principio del artículo, indicando que comienza, pero sin emplear una capitular como tal.

Y, hasta aquí, las capitulares. Nuestro enfoque ha sido, como es habitual, práctico y «al turrón». No obstante, si estáis interesados en profundizar a nivel histórico, os recomendamos este artículo de los geniales Tipos Duros, donde traducen a su vez un artículo de Percy Smith publicado en la revista The Fleuron en los años 20. Rico, rico, y con fundamento (tipográfico e histórico).

Como siempre, esperamos que este artículo os ayude a ser mejores diseñadores editoriales, que os arme con (más) criterio y que hayáis descubierto algún que otro «secretillo» o aspecto que desconocíais previamente. Y, ya sabéis, si sabéis de alguno en el que no hayamos caído, por favor, ¡silbad!

Fotos: Rayitas azules (Salva Cerdá)